Con toda la razón los alemanes le llamaron El Cambio (die Wende). Era el principio del final del llamado por Hobsbawm "corto siglo XX" (1917-1991) y la dualidad comunismo-capitalismo.
Es la caída del muro de Berlín. El símbolo de la división, el muro de la vergüenza, el telón de acero entre occidente y oriente.
Lo más curioso es que el acontecimiento se precipita por un malentendido. En la noche del 8 al 9 de noviembre Günter Schabowsky, miembro del politburó del SED pero que no había asistido a la reunión anterior, no se había leído "los papeles" que le habían pasado, y en rueda de prensa a preguntas de un periodista anuncia abiertas las fronteras "de inmediato" sin restricciones ni condicionantes. Poco después una multitud obligaba al oficial Harald Jäger a abrir las puertas mientras los miembros del Comité Central del Partido dormían plácidamente ignorantes de la que se estaba armando.
Hoy El País publica el relato de Helmut Kohl sobre los acontecimientos donde destaca la importancia de la construcción europea a lo largo de los años para conseguir la libertad del Este y subraya el apoyo absoluto de Felipe González frente a las maniobras de Thatcher. Una vez más se remarca el alto sentido histórico y el carácter europeísta convencido del expresidente español, sin lugar a dudas, el mejor presidente de la Unión Europea que podría tener, por trayectoria y convicción.
Un año más tarde, en 1990, un helicóptero sobrevolaba el muro y daba paso al histórico concierto que celebraba el hito...
Roger Waters y Cindy Lauper con Pink Floyd: The Wall

